Las alforjas

Elefante 5e

Dijo un día Júpiter:

-Comparezcan a los pies de mi trono los seres todos que pueblan el mundo. Si en su naturaleza encuentran alguna falta, díganlo sin empacho: yo pondré remedio. Venid, señor Mono, hablad primero; razón tenéis para este privilegio. Ved los demás animales; comparad sus perfecciones con las vuestras: ¿estáis contento?

-¿Por qué no?- respondió el mono- ¿No tengo cuatro pies, lo mismo que lo demás? No puedo quejarme de mi estampa; no soy como el Oso, que parece medio hecho nada más.

Llegaba, en esto, el Oso y creyeron todos que iban a oír largas lamentaciones. Nada de eso, se alabó mucho de su buena figura y se extendió en comentarios sobre el Elefante, diciendo que no sería malo alargarle la cola y recortarle las orejas; y que tenía un cuerpo informe y feo.

El Elefante, a su vez, a pesar de la fama que goza de inteligente, dijo cosas parecidas, opinó que la señora Ballena era demasiado corpulenta. La Hormiga, por el contrario, tachó al pulgón de diminuto.

Júpiter, al ver cómo se criticaban unos a otros, los despidió a todos, satisfecho de ellos. Pero entre los más desjuiciados, se dio a conocer nuestra humana especie. Linces para atisbar los fallos de nuestros semejantes; ciegos para los nuestros, nos lo quedamos todo y a los demás no damos nada. El Hacedor Supremo nos dio a todos los hombres , tanto los de antaño como los de hogaño, un par de alforjas: la de atrás para los defectos propios; la de adelante para los ajenos.

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